“El cuerpo se deja atrás (se entierra o se incinera), y la mente, que nunca muere, viaja para conectarse con un nuevo cuerpo y comenzar una nueva vida. Por tanto, la muerte no es un punto final sino más bien una puerta hacia otra vida, aunque lo que pasa de una vida a la siguiente no es una identidad personal inmutable o un alma, sino más bien la corriente mental impersonal en constante cambio que transporta las huellas o impresiones kármicas de todo lo que hemos hecho en la vida. Estas impresiones determinan las experiencias que tendremos en el futuro.” Lama Zopa Rinpoché